5 de mayo de 2013
Teorías que Examinan la Moral del Empleado
Por Dra. Amelia Dorta Quintana
El constructo que se ha denominado moral
se enfoca en las corrientes teóricas de la motivación. Como lo indica
Chiavenato (2007), la moral está íntimamente relacionada con el estado
motivacional, en la medida en que las necesidades de los individuos son
satisfechas por la organización, ocurre una elevada moral.
Son numerosas las teorías motivacionales,
para este estudio se escogieron las teorías motivacionales contemporáneas
propuestas por Robbins (2010). Entre esta tenemos:
·
Teoría de las tres
necesidades
·
Teoría del reforzamiento
·
Teoría de las expectativas
·
Teoría de la equidad
29 de marzo de 2013
La Moral de los Empleados
Por Dra. Amelia Dorta Q.
Bowdith y Huse (1978), define moral como
la combinación de las actitudes que el empleado mantiene hacia su deber, la
compañía y el supervisor inmediato. Señalan que para que exista una buena moral
debe existir cohesión de grupo, a fin de que los miembros cooperen en el logro
de los objetivos que son beneficiosos para la organización, debiendo así mismo
compartir un sentimiento de comunidad, de propósito y de participación de
grupo.
Un bajo nivel moral predispone a los
empleados a adoptar actitudes perjudiciales para la organización, pudiendo ser
el producto de deficiencias que se encuentran presentes en la estructura de la
organización.
Para Lingren (1976), la disposición que
posea un grupo a trabajar en forma conjunta obedece a la cohesión del mismo y a
la confianza de que su esfuerzo contribuirá a alcanzar el objetivo propuesto.
Este sentimiento de confianza y optimismo en lo que se refiere a las tareas a
realizar o a los problemas que deben solucionarse recibe el nombre de moral.
El optimismo y la moral poseen una íntima
correlación de ahí que se pueda asumir que cualquier frustración o problema
menoscabará la moral. Breen (1983), define a la moral como “ aquel estado
mental que lleva al desempeño mas productivo en la tarea. Incluye la
satisfacción personal, basada en apreciaciones realistas” (p. 10). Para el
autor una buena moral tiene los siguientes elementos: optimismo, satisfacción
con las relaciones con sus superiores, los compañeros y los subordinados; y un
sentimiento total de éxito en el logro de los objetivos.
Hodger y Johnson (1984), sostienen que la
moral es un reflejo franco del nivel de motivación. La medición de la moral por
la administración implica una evaluación de creencias, opiniones y actitudes en
cuanto se relacionan con la percepción individual del ambiente de organización.
Haimannt, Hilgert y Kohrs (1983),
analizan los factores que influencian la moral, según estos autores existen
factores que pueden influenciar la moral del empleado. Algunos de estos están
dentro del control del gerente y otros no lo están. Pueden ser clasificados en
dos fuentes amplias. Una fuente consiste en situaciones que son externas e
internas a la organización; y la otra fuente recae en la práctica diaria del
gerente y el medio ambiente de trabajo de la organización.
Los
factores externos son aquellos que están conectados con
eventos e influencias fuera de la organización, generalmente están fuera del
alcance y el poder del supervisor. Sin embargo afectan significativamente la
moral de los empleados en el trabajo. Ejemplos de estas fuentes son relaciones
familiares, asociación de amigos, cuando se descompone el automóvil, enfermedad
de la familia, entre otros.
Muchos de los factores que afectan la
moral de los empleados dentro del ambiente interno de la organización y bajo el
control del gerente. Esto incluye compensación adecuada, seguridad en el
trabajo, un trabajo interesante, buenas condiciones de trabajo, apreciación del
trabajo bien hecho. La relación día a día del gerente con sus empleados es la
influencia más significativa para la moral. El método general de supervisión,
dirección y liderazgo, y su actitud general más que cualquier otra cosa,
resultarán de una moral alta o baja.
17 de marzo de 2013
El Anillo del Rey
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
-Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
- No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey. Pero no lo leas le dijo mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino... De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino.
Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
- ¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
- Escucha, dijo el anciano: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo: Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
Anónimo
-Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
- No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey. Pero no lo leas le dijo mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino... De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino.
Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
- ¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
- Escucha, dijo el anciano: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo: Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
Anónimo
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